Estimado empresario, de todos es conocido que hace unas semanas el presidente ejecutivo de Repsol YPF, Alfonso Cortina, presentó su dimisión y que ha sido sustituido en el cargo por Antoni Brufau. Una de las consecuencias de esta "dimisión" es la indemnización de 19 millones de euros que la empresa le pagará al dimisionario, según ha trascendido, una cantidad que se deberá restar directamente de los beneficios que pueda obtener la empresa este año.
Pero Repsol YPF va bien. Al cierre del tercer trimestre el resultado neto era de 1.696 millones de euros, frente a los 1.608 del año pasado en el mismo periodo, enero-septiembre. El resultado operativo había aumentado un 10,4%, alcanzando los 3.320 millones de euros y el cash-flow neto se situaba en 3.794 millones de euros, con un incremento del 7,1%. Eso sí, y sin desmerecer el esfuerzo para ser más eficientes, subiendo el precio de los combustibles y repercutiendo el aumento del coste del barril de petróleo sobre la inflación.
En el año 2003 la compañía cerró con un beneficio neto de 2.020 millones de euros y parece que este año lo puede superar. 19 millones sobre 2.020 millones representan un 0,94%. ¿Quieres decir que el accionista notará el impacto de la indemnización?
En el último ejercicio Repsol YPF pagó 0,40 euros por acción en concepto de dividendo, el número de acciones es de 1,220,863,463 por lo tanto el desembolso fue de 488 millones de euros. Si los 19 millones se repartieran entre los accionistas, les tocaría 0,015 céntimos de euro cada uno, que puede parecer una miseria, pero sería coherente con la política de dividendos que la empresa manifiesta y que tiene por objetivo llegar al 40% del beneficio neto en condiciones de ciclo medio. El pago que hizo en 2003 fue del 24,1%.
Quizás 19 millones de euros no sea una cifra relevante cuando nos movemos en los volúmenes que lo estamos haciendo, pero si consideramos otra perspectiva, como podría ser la de la responsabilidad social corporativa, los 19 millones se transforman y adquieren una nueva dimensión dentro una empresa que hace bandera de su compromiso social. El mismo Cortina decía en el Informe Social 2003: "Para Repsol YPF la responsabilidad corporativa es el Comportamiento que integra el Objetivo empresarial de creación de riqueza con los valores éticos y profesionales de las personas que constituimos la Compañía y Nuestro Compromiso con la sociedad y el entorno natural. Un Compromiso acuerde con los Criterios del Desarrollo sostenible. "Y a este compromiso dedican, bajo el concepto de inversión social, 23,2 millones de euros. 19 frente a 23 ya no es una diferencia tan grande.
En España la normativa laboral contempla que cuando un dimite se produce una baja voluntaria y, en consecuencia, la empresa no tiene ningún deber para con el dimisionario. Ahora bien, aceptando que la dimisión, en el caso que nos ocupa, es un eufemismo y que podríamos enmarcar la decisión dentro de la categoría de despido improcedente, la empresa debería satisfacer una indemnización de 45 días por año trabajado con un límite de 42 mensualidades. El cargo de presidente de Repsol YPF se mueve en otros parámetros, pero para disponer de más referencias: el ex presidente ha estado en el cargo 8 años y 4 meses, es decir, 100 mensualidades, si su retribución total (como administrador y como ejecutivo) en el año 2003 fue de 3 millones de euros, las 42 mensualidades de esta cifra son 10,5 millones de euros. De acuerdo con este cálculo hay 8,5 de más respecto a la indemnización publicada.
Estimado empresario, no quisiera que pensaras que tengo ningún problema con el señor Cortina para recibir esta cantidad - si al final la cobra, esta suerte habrá tenido -, o con el señor Brufau para pagarla, ya que él sabrá porqué lo hace. Hay dos motivos que me han impulsado a escribir sobre el hecho. El primero, poner de manifiesto que los principios sobre el buen gobierno de la empresa van avanzando y que la transparencia va calando. La reflexión que hago no hubiera sido posible sin poder acceder, a través de internet, en la memoria de Repsol YPF, de donde he sacado todos los datos que he usado.
El segundo motivo ha sido compartir contigo el disgusto que me produce la falta de coherencia directiva, pues hoy vamos a pagar 19 millones de euros a una sola persona y mañana, cuando las cosas no vayan tan bien como ahora, despediremos cientos de empleados regateando unos miles de euros. La gente no es idiota y tiene memoria. Como se puede pedir esfuerzo y compromiso después de decisiones de este tipo? Me viene a la memoria el trabajo del sociólogo Richard Sennett del año 1998 titulado, The corrosion of character: the personal Consequences of work in the new capitalism.
Josep Albet
Profesor de ESADE
Director de ALBET CONSEJEROS BCN
jalbet@albetconsellersbcn.org



















