Estimado empresario, en un artículo reciente (La Vanguardia, 31 de enero) el profesor Trigo, también director ejecutivo de Fomento del Trabajo Nacional, exponía su preocupación por el hecho de que en España se pretenda regular la responsabilidad social de la empresa (RSE) y que en consecuencia, aparezcan una serie de normas de obligado cumplimiento. Daba dos argumentos para justificar su preocupación: a) no le podemos pedir a la empresa que se dedique a eliminar problemas que tiene la sociedad si éste no es su objeto social, yb) se pide regular la RSE cuando lo que recomienda la Comisión Europea como voluntario, aquí ya es obligatorio. Pero el problema de fondo, como dice el autor literalmente, está en el cuestionamiento de la legitimidad de la propia actividad empresarial a la que se juzgue por acciones que están fuera de su ámbito.
Creo que en Trigo tiene razón. Observo de un tiempo hacia aquí, que hay quien utiliza la RSE como argumento ideológico para cuestionar el sistema capitalista y lo utiliza como sustituto del marxismo del siglo XX, reemplazando la necesidad de abolir la acumulación de capital y el explotación del hombre por el hombre a través de la dictadura del proletariado, por la idea más sofisticada de obligar a la empresa, desde los poderes públicos, a hacerse cargo de la problemática social que la rodea. En definitiva, si no acabamos con la empresa desde la revolución lo haremos desde la imposición de obligaciones.
Los que así piensan y actúan desconocen la naturaleza del capitalismo, de las empresas, los empresarios y de la historia. El comercio, fundamento de la actividad económica, ha estado siempre presente, hay referencias del año 3000 antes de Cristo en Mesopotamia, y la empresa moderna de hoy, heredera de la que aparece en el siglo XIX, forma parte de esta evolución. Evolución que sigue y de la que forma parte el propio debate sobre su responsabilidad social.
Pero también es cierto que la divulgación de los conceptos, con todo lo que tiene de bueno por la influencia sobre los valores y los modelos mentales, a veces, les hace perder sus propias esencias y los banaliza. Y es probable que algo de esto esté pasando, y si así fuera, lo que hay es reforzarlos volviendo a las fuentes. Quizás en el caso de la RSE no es necesario recordar las aportaciones de los años sesenta y setenta del siglo pasado y basta recuperar la definición que la UE viene en el 2001 en el Libro Verde de la Comisión Europea para fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas donde decía que la RSE es un concepto con arreglo al cual las empresas deciden, voluntariamente, contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio. Lógicamente, esta definición plantea, entonces, qué contenido debe tener esta sociedad mejor y cuáles son, al menos, los mínimos de un medio ambiente más limpio, pero de eso no hace a la empresa responsable. En todo caso, y creo que esta es una aportación importante, lo que hace es situar a la empresa a la misma altura que el individuo en términos éticos y morales.
Siendo de esta manera, y refiriéndome de nuevo a aquellas que cuestionan la razón de ser de la empresa, cuando se reclama la regulación de la RSE, exigiendo que la empresa sea obligada a contribuir al logro de una sociedad mejor, habrá, también, de exigir de todos los ciudadanos la obligatoriedad de esta contribución y sancionarlos si no cumplen.
Estimado empresario, esta es una lógica totalitaria absurda: obligar a contribuir a una sociedad mejor! ¿Quién define esta sociedad? Todos nos esforzamos cada día para que sea mejor y la evolución hace que la de hoy lo sea más que la del año 1905, entonces cualquiera podía contaminar y no pasaba nada, hoy no se puede, y no es que no suban las empresas, no puede nadie. Los valores de la sociedad cambian y por lo tanto cambian los valores de las empresas, y lo que no le podemos pedir a las empresas es lo que no le pedimos a nuestros conciudadanos y por lo tanto, cuando hacemos referencia a la responsabilidad social hacemos referencia a ir más allá de la obligación legal porque creemos que debemos hacerlo. A fin de cuentas el desarrollo de la RSE está estrechamente relacionado con el desarrollo de la madurez de las personas en el seno de las organizaciones.
En definitiva y poniéndolo práctico, una empresa de suministro de luz, agua o gas podrá demostrar su compromiso con la responsabilidad social, por ejemplo, no cobrando las facturas a los afectados del barrio del Carmel, o una entidad financiera, aplazando el pago los recibos de las hipotecas y comprendiendo y ayudando a quien lo ha perdido todo. Es su obligación? No. Debe ser? Creo que no, pero así contribuyen a una sociedad mejor.
Por favor, no tomemos los conceptos en vano.
Josep Albet
Profesor de ESADE
Director de ALBET CONSEJEROS BCN
jalbet@albetconsellersbcn.org



















